Desde el 1 DE SEPTIEMBRE DE 2012 hemos venido celebrando en numerosos pueblos y ciudades del planeta, las lecturas solidarias "ESCRITORES POR CIUDAD JUÁREZ".

Estas lecturas están convocadas en solidaridad con Ciudad Juárez, en representación de todo el pueblo de México y por extensión de cualquier otro rincón del planeta donde el miedo, consecuencia última de la violencia, es utilizado para imponer la voluntad y los intereses de los grupos de poder sobre los derechos y la dignidad de los pueblos y los ciudadanos.

En nombre del colectivo Escritores por Ciudad Juárez continuamos con esta llamada a la solidaridad y la movilización. Quienes lo deseen pueden remitirnos sus poemas o textos, alusivos al conflicto que padece Ciudad Juárez, que serán colgados en este blog y posteriormente utilizados en cuantos proyectos y publicaciones decidan los organizadores de las lecturas solidarias. Las colaboraciones serán colgadas como entradas, con el nombre del autor o autora, junto al nombre de la ciudad de donde nos escriben. Y cada nueva colaboración del mismo autor o autora será añadida a la primera de sus colaboraciones.

Dirección de contacto: poemasporciudadjuarez@hotmail.es

domingo, 12 de agosto de 2012

ASÍS ARANA, Bilbao, País Vasco

LA PAZ Y MI CONTRADICCIÓN

Mi nombre es Asís Arana y nací en Bilbao en un año en el que se prohibía el uso de determinadas palabras. Todas ellas pertenecían a un euskera que apenas hablo. No obstante -o quizás hasta por eso mismo-, me habría gustado poder ahora dirigirme a vosotros a través de dicha lengua. Y es que considero un derecho fundamental poder elegir hacerme entender –o incluso malentender- con las palabras que yo decida hacerlo, aun a riesgo de conseguir así ser tan listo o estúpido como para que nadie me entienda.

Pero que tampoco nadie se equivoque. Aunque ya he aclarado que me gustaría hablarlo, no me arrepiento o avergüenzo de no hablar euskera, del mismo modo que no me jacto o enorgullezco de hablar español. Si por absurdos motivos alguno quiere llamarlo “estatal” es libre de hacerlo, del mismo modo que yo lo seré de considerarle por ello lo que me de la gana, aparte por supuesto de un soberano pelmazo con más tiempo libre del que su calenturienta cabeza es capaz de manejar.

Como escritor, obviamente escribo a través de palabras, pero en absoluto amo las palabras de ningún idioma, ni del que suelo utilizar ni de ningún otro.  Y soy libre para pensar así del mismo modo que muchos de mis colegas están en su derecho de detestarme o menospreciarme por ello. Pero siempre y cuando, eso sí, que no me maten o agredan después. Porque “chuleando” a las palabras de cualquier idioma, ejerzo mi derecho a amar tan solo algunas de las cosas o personas a las que en ocasiones logro acceder a su través.

Y así pienso yo, Asís Arana, del mismo modo que algunos pueden pensar que yo soy sólo eso, mi nombre. Pero esa etiqueta no soy yo. Del mismo modo que quizás otros piensen que yo soy mi idioma o mi inclinación religiosa, pero esas palabras o creencias tampoco soy yo; del mismo modo que quizás los haya hasta que piensen que soy mi tierra, mi estado, mi nación, o su cultura y costumbres, pero ni mucho menos esas entelequias o abstracciones me definen. Porque por no ser yo, puede que ni siquiera sea mi pasado, presente o futuro. Y quizás piense así porque crea a su vez que ni siquiera siendo yo se pueda nunca saber del todo quién o qué soy yo.

De todos modos, eso no es lo peor de todo. Ni mucho menos. Lo peor de todo es que quizás piense así porque, en nombre de todo lo que no soy y nunca jamás quiero ser, he visto más cosas de las que me habría gustado ver. Incluso muchas más, aun sin apenas haber visto casi nada si me comparo con otras personas mucho más desgraciadas. Y también quizás sea por eso que he decidido estar en el bando de los que reniegan de tener bando, cayendo así en la más absoluta y flagrante de las contradicciones.

Sí, quizás ése sea el motivo por el que me atraigan tanto las contradicciones, hasta el punto de casi necesitarlas para poder soportarme a mí mismo. Quizás por eso mi única y verdadera identidad sea la de ser una insoluble infinidad de contradicciones, siendo éstas al final las únicas verdades que me permiten estar en paz conmigo mismo y los demás. En efecto, es probable que por haber visto a mi alrededor mucho más que demasiado aun habiendo visto tan poco, haya convertido a la paz en la más grande y bella de mis contradicciones.

No obstante, hay una sola cosa de la que no dudo lo más mínimo. Significara lo que significase la paz para los que discrepan de plano con todo lo que acabo de decir, la amo y necesito exactamente igual que todos ellos. Y eso es así porque, simplemente y por encima de cualquier otra cosa, ninguno de nosotros puede vivir sin ella. O lo que viene a ser lo mismo, si no tuviera paz no podría seguir discrepando con nadie. Y concretamente a Asís arana, fuera éste quien o lo que fuera, poder discrepar, le da la vida.

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