Desde el 1 DE SEPTIEMBRE DE 2012 hemos venido celebrando en numerosos pueblos y ciudades del planeta, las lecturas solidarias "ESCRITORES POR CIUDAD JUÁREZ".

Estas lecturas están convocadas en solidaridad con Ciudad Juárez, en representación de todo el pueblo de México y por extensión de cualquier otro rincón del planeta donde el miedo, consecuencia última de la violencia, es utilizado para imponer la voluntad y los intereses de los grupos de poder sobre los derechos y la dignidad de los pueblos y los ciudadanos.

En nombre del colectivo Escritores por Ciudad Juárez continuamos con esta llamada a la solidaridad y la movilización. Quienes lo deseen pueden remitirnos sus poemas o textos, alusivos al conflicto que padece Ciudad Juárez, que serán colgados en este blog y posteriormente utilizados en cuantos proyectos y publicaciones decidan los organizadores de las lecturas solidarias. Las colaboraciones serán colgadas como entradas, con el nombre del autor o autora, junto al nombre de la ciudad de donde nos escriben. Y cada nueva colaboración del mismo autor o autora será añadida a la primera de sus colaboraciones.

Dirección de contacto: poemasporciudadjuarez@hotmail.es

viernes, 10 de agosto de 2012

MIGUEL GAONA, Saltillo, Coahuila


DESNOMBRAR
"Norte de mi afligido pensamiento"
Quevedo

:
a ella la llamaban persona
mexicana
morena
sin generales ni señas particulares
o con señas particulares como
cabello teñido
lunar en el rostro
cicatriz de cesárea

la llamaban
persona
del golfo o del pacífico

persona desaparecida o
persona ultimada o
persona últimamente vista
en inusuales compañías

se llamaba/ la llamaban:
hoy
aparecida en los periódicos–
ya nadie la llama,
al menos por su nombre

nadie la vio
nadie le habló

¿cabello teñido?
¿lunar en el rostro?
¿cicatriz de cesárea?
¿del golfo?, ¿del pacífico?

nadie
ya no es nadie
es natural que nadie la conozca


:
pero a ella la llamaban adela, adelita,
ruiseñor hallado fuera de su jaula

la veían en el río
lavando su ropa y su cabello entre las rocas

lavando la sangre de sus hijos muertos
de sus pechos mordidos

lavando de su vientre, popular entre la tropa,
las estrías de la revolución

la llamaban adela, adelita,
pero murió sintiéndose maría magdalena,
maría isla para hombres de sombra,
una joven desposada por las constelaciones

la llamaban adela
pero era juana la loca, indultada por sus pesadillas,
juana de arco en la hoguera del maguey y la canícula

su piel morena era rubia
entre los cuerpos tostados por el plomo

sus nombres eran varios,
y su cuerpo, aunque dador de vida, era uno y era mortal

a sus hijos de adela, de adelita,
los mataron afuera de un cine
de una tienda de raya
de una estación de trenes

en un semáforo en rojo
los mataron a ellos
y a su padre
y a los padres de ellos
porque ella era maría, adela, adelita, y juana y maría
magdalena, o eso dicen;
corrieron como sangre los rumores

murió en su revólver su madre,
en su puño su hermana
y su hermano en su víscera sangrienta
[dijera vallejo]

y los gringos
todos ellos
mirando desde la frontera

y los bañistas
todos ellos
mirando desde sus albercas
antes de hundirse en el rojo profundo del pacífico

adela, la llamaban adela, adelita
mientras la violaban sujetando su cráneo entre las rocas,
mientras lavaban de su pelo baba y sangre
para llevarla presentable a su propio funeral

maría, juana, adela, la llamaban santa
y la indultaban, frente a la hoguera de sus pesadillas,
otras santas mujeres
y otras santas personas
mirando desde sus altares


:
luego de parirlo –sangre de su sangre–
su sexo se volvió una cicatriz,
herida clausurada

(a él lo llamaban
por distintos nombres
porque era pescador)

y cuando alguien pregunta por el hijo
ella apunta hacia el mar como si éste lo fuera
y hunde su tacto en él para abrazarlo

a su hijo, o en lo que él se transformó,
por el golpe del mar y la sed los cardúmenes

(en una de sus pesadillas
la lancha es el anzuelo,
él mismo la carnada
y la tormenta un pez que los devora)

la madre,
la sola vida es una herida
para ella

quiere poner su dedo en esas llagas:
las grietas de la sal que carcomió su rostro,
la astilla de los huesos rotos por las rocas,
su carroña bullendo a la deriva

quiere al menos tocar su corazón
a través de la herida de una bala

a ella la llaman
señora
pobrecita señora

porque cuenta sus sueños
porque acaricia el mar
porque prefiere muerto que desaparecido

pobrecita señora:
su hijo es la carnada
de un dolor que la devora,
de una herida que no tiene cicatriz


:
a ella la llamaban saigón,
la llamaban princesa vietnamita,
la llamaban desde el río perfume
a cenar y a dormir
sin recibir respuesta

la llamaban amarilla
y la llamaban roja

la llamaba, su padre, estrella de verano,
la llamaban, amantes, fruto del amanecer

acostada de espaldas en el piso,
teñida de lotos junto al río perfume
ella los recibía

rodeaban sus pequeños muslos manos imperiales

acostada de espaldas en el piso,
oscura como mota de algodón ensangrentada,
mira temblando el rostro de sus enemigos
y susurra
shoot me
shoot me
con los ojos rasgados por los matorrales,
por la luz filtrada como el ojo del francotirador

y lo dice en la cama
shoot me
en negros edificios incendiados
shoot me
en clínicas de metadona
shoot me
dispárame

la llamaban comedor donde los ciegos beben el aroma;
la llamaban saigón, ciudad sitiada;
la llamaban perfume, río de su propia sangre

pero era sólo una princesa vietnamita:
mis manos la alzaban como a un rifle
cuando nos amábamos

dispárame en la boca, decía,
o en el corazón, decía,
o en el vientre que no tendrá, decía, que nunca más tendrá

y temblaba mientras la sangre
recorría su cuerpo por última vez

sus enemigos la miraban
la maldecían, la escupían amartillando el arma,
pero ella estaba casi muerta y pedía la muerte

en sus sueños la rodeaban tropas imperiales,
y además los cristales, los casquillos de bala,
las ruinas incendiadas,
y las bombas cayendo como auténticos frutos del amanecer

la llamaban saigón,
la llamaban princesa vietnamita,
o la llaman, todavía, desde el río perfume
a cenar y a dormir
sin recibir jamás respuesta

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